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La sociedad "progresista" y sus curiosos valores

"Detrás del ruido del oro van los maulas como hacienda"


Juan Remington
La certera copla de Atahualpa Yupanqui viene como argolla al lazo para titular con probable acierto esta pirifláutica crónica de lo que está pasando por estos días -más que nunca- en una sociedad en la que el ruido del oro lleva del hocico a todo aquel que ande escaso de valores morales, sentido del deber, apego a las buenas costumbres y a la ley, a la amistad honrada, al amor por el prójimo; ese "próximo" bíblico al que cada vez se ama menos y que siempre termina pagando la cuenta de los lujos y placeres de aquellos para los que los valores humanos parecen ser un bien de consumo y el semejante un material descartable.

"No hay flojo que no se venda por una sucia moneda", dice también Atahualpa en otro verso de esa copla. Y con tanta puntería, que en todo tiempo y lugar levanta más de una ampolla, claro, a todo el que ande por esos andariveles. 

Hoy, en este mundo tecnológico donde las relaciones humanas se reducen al envío electrónico de unos pocos caracteres y un par de "selfies" para decir "Te amo con toda mi alma" a quien jamás se ha visto en persona, o  pavonearse con los "miles de amigos" que se tienen en Facebook, de los cuales la mayoría son absolutos extraños, al andar detrás del ruido del oro se le añade el andar cada vez más lejos de lo humano, lo que hace más fácil andar esquivando obstáculos en ese andarivel camino al "éxito". Andares todos que no llevan sino a la degradación del paisano en cuestión, tan ufano hoy en día de "ser libre", "progresista" y "defensor como nadie de los derechos humanos". Todo verso, pero totalmente funcional a la maquinaria de inventar razones morales para esconder lo inmoral.

Y como nunca falta el “maula” que salte, ceño fruncido, a exigir que se le diga quién puede decidir qué es inmoral o qué no lo es, qué está mal y qué no, poniéndose a cubierto por si acaso se le descubre la cola de paja, se podría decir, sin temor al pifie grande, que al tiempo que la sociedad actual destruye valores a la velocidad de la luz, va creando a la misma velocidad anticuerpos en los que van detrás del ruido del oro como para que la parte sana de la sociedad que aún queda en pie ni se atreva a hacerles el menor reproche. No, no. Cuidadito con decir que darle un beso a la madre está bien y matarla está mal. Porque la conciencia progresista, abierta y libertaria de los que van detrás del ruido del oro puede ofenderse hasta el paroxismo.

Olvidar deliberadamente a quienes lloraron por ellos cuando tuvieron una pena o se alegraron con sus alegrías porque las sentían como propias, dejar a un lado en sus horas de enfermedad a quienes estuvieron junto a su cama cuando las suyas, no son para los que van como hacienda detrás del ruido del oro cosas que se les puedan cuestionar. Faltaba más. Una sociedad avanzada, progresista como Dios manda (aunque la progresía no crea en Dios), no puede permitirse esas nimiedades, tan poco prácticas para el desarrollo personal.

¿A quién, en esta nueva sociedad, tan dedicada al “socialismo progresista e igualitario”, se le puede ocurrir poner obstáculos como los valores humanos en la carrera hacia el éxito económico, el lujo y el placer? ¿Quién se puede permitir la barbaridad de pedir que se anteponga lo humano a lo material? Los sentimientos nobles, la ponderación de las buenas costumbres, la decencia, la honradez, la solidaridad, la gratitud, la amistad, son antigüedades que impiden el progreso. Vayamos sabiéndolo. Y guay con cruzarse en el camino de esa hacienda, que a la luz de lo que se ve, le pasa por encima a todo el que se le ponga adelante




1 comentario :

  1. Verdades como poroto a la chaucha. Acuerdo 100x100.

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