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Pokémon Go viene a confirmar la teoría de Einstein
El universo está lleno de una infinidad de estúpidos 


Por Juan Remington
Cuando Albert Einstein dijo que la estupidez y el universo son dos cosas infinitas y que del universo no estaba seguro, no tenía ni idea de Pókemon Go. De haberlo sabido, habría confirmado que el universo, además de ser infinito, está lleno de infinitos estúpidos. 

La invasión de bichos digitales que ponen a caminar a la gente para que los busque con el celular en cualquier lugar donde se encuentren (arriba de un caballo de estatua en una plaza, en una sala de partos o en una comisaría, todo vale) ya ha causado centenares de accidentes en el mundo. 

Desde provocar choques en cadena por manejar con los ojos pegados a la pantalla del celular hasta estrellarse contra puertas giratorias, árboles y columnas de alumbrado por andar buscando monstruitos, sin mirar por dónde caminan, los millones de "cazadores" de pokemones que se lanzan a la calle desde la aparición de la aplicación de realidad aumentada se han convertido en una verdadera amenaza para la seguridad pública.

Uno de esos "infinitos" a los que se refería Einstein y que demuestran cuán acertado estaba el genio alemán es el joven estadounidense de 26 años, Lamar Hickson, quien no tuvo mejor ocurrencia para cazar a un "Pikachu" que frenar de golpe en una autopista de Massachusetts, causando un choque en cadena que involucró a decenas de vehículos. "Si quieres atraparlos a todos, tienes que arriesgarlo todo", le dijo el "infinito" a la policía cuando lo interrogaba. 

Otro caso que reafirma la teoría de Einstein es el de Jonathan Theriot. Mientras su esposa, a punto de dar a luz, esperaba gritando de dolor que los médicos la ingresaran al quirófano para practicarle una cesárea, el audaz cazapokemones tiró un pantallazo para mostrarle a la sufriente parturienta que había un "Pidgey" sobre la cama.  

En Australia, la policía y los bomberos de Darwin tuvieron que pedirles a los "infinitos" locales que no entren a sus  estaciones, que aparecen en el juego como una "Pokestop". "No tienes que entrar para ganar las pokebolas", advierten en sus páginas de Facebook. 

Lindsay Plunkett, una  camarera de 23 años de Asheville, Carolina del Norte, estacionó el auto a seis cuadras del restaurante donde trabaja, en lugar de las tres donde lo estaciona siempre, "para tener más Pokestops en el camino", dijo. 

Piernas fracturadas, narices rotas, chichones, moretones, autos destrozados (hasta que haya una muerte), son la resultante del juego que debutó hace apenas un mes en el mundo y ya tiene a millones de "infinitos" poniendo en riesgo su seguridad y la de todos los que se crucen en sus rutas de safari digital.

Sobre que ya había que soportar a los que caminan por la calle sin sacar los ojos de sus celulares y llevándose por delante a todo el mundo, ahora va a haber que cuidarse también de no pisarles las pokebolas. No sea cosa que, encima, se enojen por hacerles perder una ficha de entrenador de monstruitos y algo de su bien ganada reputación de infinitos.



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