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A 15 años del "¡Que se vayan todos!".
De la crisis de 2001 y lo que guardan las hemerotecas

Por Juan Remington

Julio de 2001. Uno de los inviernos más crudos de los últimos veinte años, pero que no alcanzaba a enfriar la cada vez más alta temperatura política y social que estaba levantando la gravísima crisis económica por la que atravesaba el país y que acabaría estallando en diciembre de ese año con  la caída del gobierno del presidente Fernando De la Rúa, en medio de violentas revueltas y saqueos en los que perdieron la vida 36 personas. 

El diario El Nacional, que había salido a la calle meses antes de aquellos trágicos sucesos y se vería obligado a dejar de editarse en los primeros días de diciembre como consecuencia de las insalvables dificultades financieras a las que venía enfrentándose por la crisis -la peor de las muchas que sacudieron al país desde la vuelta de la democracia-, publicaba a diario extensas notas de información y editoriales acerca de la gravedad de la situación política y social que se vivía en todo el país y la probabilidad cada día más alta de que ocurriera lo que finalmente sucedió.

De la furia a la confianza 

Con el título "El jefe está al frente", tomado de la desafortunada frase del presidente De la Rúa ante los operadores de Bolsa, la portada de la edición que se muestra en pantalla fue decidida casi como un chiste en la reunión editorial de esa noche, cuando el director del diario, Nobel Passaglia, mientras repasaba las declaraciones que acababa de hacer el Presidente, dijo: "¿El jefe está al frente? Me parece que el jefe no va a estar al frente ni seis meses más". Y no se equivocó. 

Una década después de aquellos aciagos días de diciembre de 2001 en los que la gente se lanzó a las calles para manifestar su rechazo por toda la dirigencia política al grito de ¡Que se vayan todos!, el país mostraba una realidad muy diferente: un gobierno con amplio apoyo popular, la economía en orden, la sociedad en paz y la mayoría de los argentinos volviendo a depositar su confianza en las instituciones del Estado y en las entidades bancarias, aun cuando todavía no habían terminado de cicatrizar las heridas del corralito que a muchos les había llevado los ahorros de toda su vida.

Las hemerotecas no se fueron

En tanto, aquellos mismos periodistas que diez años atrás habían tenido que clausurar con dolor su sueño de editar su propio diario por causa del descalabro en el que había caído la economía del país, informaban entonces desde otros medios gráficos (en su caso BAE y otros diarios del interior) acerca de los significativos avances en los sectores productivos, la posibilidad aumentada de que la gente pudiera acceder con mayor facilidad a bienes de consumo y todo lo que parecía ser el definitivo despegue hacia un país decididamente apuntado al crecimiento y al estado de bienestar.

Pero, por lo que se pudo empezar a vislumbrar a partir de 2008, cuando el conflicto del Gobierno con el campo puso en descubierto las primeras grietas en la economía (con la mayor fuga de capitales desde 2001, el estancamiento del empleo y una industria cada vez menos competitiva) y en la sociedad, por los enfrentamientos ideológicos, ese anunciado despegue quedaría una vez más en tiempo de espera. Hasta hoy, cuando con un nuevo gobierno y sus promesas de que se limpiarán definitivamente los vicios que anclaron al país en el atraso y la desconexión con el mundo desarrollado, los argentinos vuelven a confiar en que esta vez se les va a dar.

Con todo, basta con echar una ojeada a las hemerotecas para reafirmar aquello de que del dicho al hecho hay mucho trecho y que mucho del palabrerío vacío de los políticos y de los males que llevaron al país a la crisis de 2001 siguen estando ahí, sin cambio alguno. 

Lo único novedoso es que muchos altos funcionarios del gobierno saliente, incluida la ex Presidente y su vice, empiezan a desfilar por los juzgados. Y no precisamente para saludar a los jueces.


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