Curiosidades periodísticas de la excavación subacuática en Cayastá

Ruinas de Cayastá: un gran descubrimiento arqueológico que los diarios redescubren una y otra vez

Uno de los mayores hallazgos arqueológicos de la Argentina dio a los diarios más tela para cortar de la que había. 


Nobel Clemar Passaglia
En abril de 1998, el dueño y director general del diario Ámbito Financiero, Julio Ramos, encargó al jefe de la Corresponsalía para Santa Fe y Entre Ríos, Gustavo Meneghello, y al cronista asignado en Rosario, Nobel Clemar Passaglia, la cobertura sobre el te-rreno  de la Primera Excavación Subacuática en Aguas con Visibilidad Cero de América Latina, un relevamiento arqueológico que permitió descubrir las tres cuartas partes de las ruinas de la primitiva ciudad de Santa Fe que se hallaban sumergidas en el río San Javier.

La excavación, proyectada y financiada por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Fundación Albenga, fue realizada por uno de los equipos de arqueólogos buzos mejor calificados del mundo. Entre ellos, científicos uruguayos y noruegos expertos en buceo en aguas de visibilidad nula con aquilatada ex-periencia en el Mar del Norte.

Con la dirección científica de Javier García Cano, arqueólogo buzo de la Fundación Albenga, y la arqueóloga rosarina Mónica Valentini, de la UNR, la expedición contó con la participación activa de estudiantes de ar-queología y numerosos colaboradores. 

La expedición científica, iniciada en 1995 y culminada en 1998 con la excavación sub-acuática, permitió determinar que las ruinas sumergidas de Santa Fe La Vieja constituían las tres cuartas partes del asentamiento original fundado en 1573 por Juan de Garay a orillas del río de los Quiloazas (actual San Javier) en lo que hoy es el distrito comunal de Cayastá. Algo que sorprendió a arquéo-logos de todo el mundo.

Cómo se hizo

El buceo táctico se hizo mediante cuadrí-culas de búsqueda trazadas metódica-mente para posibilitar un relevamiento pre-ciso y completo del área fluvial de la zona donde Agustín Zapata Gollán descubriera, en 1949, parte de los restos de Santa Fe La Vieja, uno de los primeros asentamien-tos humanos del país y del que nada se sabía hasta el descubrimiento de Zapata Gollán.

Con más de dos toneladas de equipos de última tecnología desplegadas sobre el terreno y métodos de excavación subacuática de altísimo rigor cientifico, los arqueólogos pudieron extraer del lecho del río, a ciegas y con temperaturas del agua muy bajas, más de 4000 objetos y trozos de cerámica que llevaban allí más de 400 años.

Curiosidades periodísticas del descubrimiento

Hasta aquí, una reseña de la información acerca del descubrimiento que fuera publicada por AF en 1998. Desde aquí, algunas curiosidades del tratamiento que le dio al hecho la prensa escrita nacional.

En el caso de Ámbito Financiero, el diario siguió sobre el mismo terreno la campaña de excavación y fue el primer medio que publicó en exclusiva el hallazgo arqueológico que permitió conocer aspectos hasta entonces ignorados de la traza real, la conformación étnica y el modo de vida del primer asentamiento urbano en Argentina de los siglos XVI y XVII.  

Un año después, en enero de 1999 y también por el trabajo periodístico de quien esto escribe, La Capital de Rosario publicó en una extendida nota toda la información surgida del proceso posterior al trabajo de campo de los arqueólogos. En esa publicación se dieron a conocer las conclusiones científicas a las que se llegó tras el largo y trabajoso proceso de investigación, planificación de la campaña y ejecución de la excavación con la que se pudo sacar a la superficie una buena parte de la historia argentina que yacía oculta en el fondo del río San Javier.

Una de las curiosidades periodísticas de la cobertura de ese hecho tan significativo para la arqueología del país y del mundo es que la nota publicada por La Capital se editó con la firma de alguien que no sólo no era el autor de ese trabajo periodístico ni de su redacción, sino que era absolutamente desconocedor de lo que se estaba publicando con su crédito. 

Curiosidad que no pasaría de ser una cuestión interna del diario y entre periodistas si no fuera porque ante un hecho científico de tanta relevancia, las consultas a la hemerotecas en el futuro le atribuirán un trabajo periodístico a alguien que no sólo no es el autor de ese trabajo, sino que, lo que es más curioso aún, no pidió nunca una rectificación. 

Y aunque esa "curiosidad" no es de interés para los lectores, sí debería serlo la de que un diario del prestigio de La Nación publicara en el año 2000, dos años después del descubrimiento y con tono de primicia, lo que ya había sido publicado por AF en forma extendida e inmediatamente de producido el hecho, en abril de 1998; y por La Capital, en 1999, donde el matutino decano de la Prensa argentina da cuenta de todo lo actuado durante la campaña científica y hace una completa descripción de las conclusiones finales a las que arribaron los arqueólogos luego de más de tres años de investigación, búsqueda y hallazgo. 

Pero más allá de lo curioso que resulte el tratamiento de la noticia por parte de la prensa escrita autóctona, lo verdaderamente importante en el caso que nos ocupa es que científicos argentinos tan valiosos como como los arqueólogos de la Universidad Nacional de Rosario y de la Fundación Albenga hayan hecho uno de los descubri-mientos arqueológicos más relevantes de la historia hispanoamericana. Eso sí que es una curiosidad que vale la pena.



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